Aquellos caprichos de la memoria (I)
Es increíble la de cosas que se pueden pensar cuando caminas. Algunas de las mejores ideas que he tenido nunca han surgido mientras caminaba. También algunos de los más especiales recuerdos han llegado en ese momento.
Pero en ocasiones, la memoria es como un bicho gamberro que se esconde cuando más la necesitas, o no.
Uno siempre piensa que recuerda las cosas tal y como fueron, pero esto tiene parte de falacia, puesto que la mente sabe bien cómo completar lagunas sin consultarnos. Podríamos entonces pensar que al menos queda el consuelo de recordar cómo era nuestro entorno hace unos años, puesto que pensar en mamotretos de ladrillo no debe de ser tan difícil.
Tampoco es cierto.
Esta mañana caminaba de camino a la Consejería de Educación cuando, al llegar a la placeta de Díez de Revenga he contemplado un edificio de construcción relativamente reciente y he pensado: "Ah... hace años ahí había...
... ahí había...
... ¿Qué había ahí?"
Lo he olvidado, y teniendo en cuenta la de veces que habré caminado por ese lugar en mi vida, es realmente fastidioso. Parece que nuestra memoria ni siquiera perdona a unas simples estructuras de hierro, hormigón, ladrillo...

Admito que soy despistado. Olvido al instante cualquier cosa que me propongo hacer o cualquier recado que deba dar. Ni siquiera uso agenda, ya que olvido consultarla y por extensión olvido la agenda entera.
Sin embargo recuerdo con bastante claridad diversos asuntos: La muerte de Fernando Martín, baloncestista, en 1989 en un accidente de tráfico. El pequeñísimo patio de la guardería y a Ramón, posiblemente mi primer colega de la época. A mi amigo Francisco, en el parvulario comiendo piedras.
Y unas cuantas escenas más, que, por algún motivo han quedado en mi mente. Claro que, conociendo a la caprichosa memoria, tampoco puedo saber qué porcentaje de estos recuerdos es real y qué parte ha sido completada el bicho gamberro del que hablaba al principio.
Pero en ocasiones, la memoria es como un bicho gamberro que se esconde cuando más la necesitas, o no.
Uno siempre piensa que recuerda las cosas tal y como fueron, pero esto tiene parte de falacia, puesto que la mente sabe bien cómo completar lagunas sin consultarnos. Podríamos entonces pensar que al menos queda el consuelo de recordar cómo era nuestro entorno hace unos años, puesto que pensar en mamotretos de ladrillo no debe de ser tan difícil.
Tampoco es cierto.
Esta mañana caminaba de camino a la Consejería de Educación cuando, al llegar a la placeta de Díez de Revenga he contemplado un edificio de construcción relativamente reciente y he pensado: "Ah... hace años ahí había...
... ahí había...
... ¿Qué había ahí?"
Lo he olvidado, y teniendo en cuenta la de veces que habré caminado por ese lugar en mi vida, es realmente fastidioso. Parece que nuestra memoria ni siquiera perdona a unas simples estructuras de hierro, hormigón, ladrillo...

Admito que soy despistado. Olvido al instante cualquier cosa que me propongo hacer o cualquier recado que deba dar. Ni siquiera uso agenda, ya que olvido consultarla y por extensión olvido la agenda entera.
Sin embargo recuerdo con bastante claridad diversos asuntos: La muerte de Fernando Martín, baloncestista, en 1989 en un accidente de tráfico. El pequeñísimo patio de la guardería y a Ramón, posiblemente mi primer colega de la época. A mi amigo Francisco, en el parvulario comiendo piedras.
Y unas cuantas escenas más, que, por algún motivo han quedado en mi mente. Claro que, conociendo a la caprichosa memoria, tampoco puedo saber qué porcentaje de estos recuerdos es real y qué parte ha sido completada el bicho gamberro del que hablaba al principio.


5 Comments:
eh! yo tb comía piedras!
también tienen "gracia" los recuerdos distorsionados de la infancia del tipo "lo recordaba más grande".
aunque lo peor es olvidar cosas respecto a personas, y que se den cuenta. porque al fin y al cabo un edificio, además ya demolido, no se va a mosquear contigo por tu desconsideración :(
Eso mismo me pasó a mi el otro día... pero no me acuerdo donde fue, ves? ahora me tiraré el resto del día intentando recordar donde estaba el edifício que no recordaba que había sido anteriormente... qué trabajo me das.
Por cierto también tengo una capacidad increible para olvidarme de las tareas que mi buena voluntad propone. :p
¿Cuenta no poder recordar nunca cuántas copas se ha pedido uno en un bar? Es que ni en las cifras bajas soy capaz de tenerlo claro. ¿Han sido dos? ¿Tres? ¿Siete?...
a mi me pasa igual. yo tengo como 6 o 7 blogs que no utilizo porque he olvidado la contraseña...
tambíen olvido las llaves continuamente, lo que me hizo dormir en el trastero en una ocasión.
Oh, bueno... las llaves. Una vez, cuando vivía en Valencia aún, olvidé las llaves del piso. Era viernes. No había nadie en casa hasta dos días después, me había dejado el móvil y casi todo el dinero que poseía dentro...
Por suerte me las arreglé para conseguir los teléfonos de mis compis y mediante ellos el del casero, el cual me dio la salvación: mi vecino tenía una copia.
Publicar un comentario en la entrada
<< Home